domingo, 20 de marzo de 2011
Odiseo y Circe, la hechicera
Tras su visita a la isla de los cíclopes, Odiseo y su tripulación visitaron la isla de Eea. Una vez allí, Odiseo mandó realizar una expedición liderada por Eurílico. Al adentrarse en la isla encontraron un gran palacio lleno de animales, como por ejemplo leones y tigres, pero eran inofensivos. El grupo de hombres entró en palacio, excepto Eurílico, que decidió quedarse vigilando ya que no se fiaba. Dentro, Circe invitó a los hombres a un banquete, pero los alimentos estaban envenenados y la hechicera transformó a los invitados en cerdos. Eurílico, al enterarse, fue a avisar a Odiseo. Junto a él y al resto de la tripulación se dirigieron a rescatar a sus compañeros, cuando de camino a palacio se encontraron con Hermes (mensajero de los dioses), que les entregó una planta (moli), para que no les afectara el veneno. Los hombres al ser invulnerables a este, atraparon e hicieron jurar a Circe que liberaría a sus compañeros. En ese momento Circe se enamoró de Odiseo y le pidió que se quedara con ella. Este aceptó y se quedó un año junto a su tripulación. La hechicera devolvió la forma narural a los hombres que transformó anteriormente en cerdos. Al pasar este tiempo y no lograr olvidar a su mujer Penélope, decidió regresar a Ítaca, polis en la que reinaba. Circe al no poder retenerlo, ayudó a los hombres en su regreso.
viernes, 4 de marzo de 2011
martes, 1 de marzo de 2011
La muralla de Troya
Cuando llegamos a la costa de Troya, desembarcamos y montamos nuestro campamento, pudimos observar la muralla que tendríamos que atravesar para rescatar a Helena, mujer de Menelao, rey de Esparta, a la que juramos rescatar todos los griegos en caso de que tuviera algún problema. La muralla era de gran altura, tenía numerosas torres vigiladas por varios centinelas, parecía resistente y tenía difícil acceso, ya que solo tenía una puerta principal, estaba a varios kilómetros, en los que había un campo abierto donde libraríamos las batallas. Iba a ser duro acceder a Troya, pero pensábamos que lo conseguiríamos de cualquier manera, aunque nadie podía imaginar que, tras diez largos años de guerra, lograríamos entrar a la ciudad enemiga con un caballo de madera y un engaño.
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